Dicen que las historias de John Irving nunca nos dejan indiferentes y esta no iba a ser una excepción. El autor de Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, libro en el que se basa Las normas de la casa de la sidra (que obtuvo el Oscar a mejor guión adaptado), se supera a sí mismo, desde mi punto de vista, en Una mujer difícil, la historia de Ruth Cole.
Ruth tiene cuatro años cuando su madre, Marion, sumida en una depresión crónica tras la muerte de sus dos hijos mayores cinco años atrás, se va de casa, llevándose consigo todas las fotografías de sus hermanos y dejando las paredes de la casa con las alcayatas como única decoración. Ruth se quedará sola con su padre, Ted Cole, escritor y mujeriego empedernido, y toda su infancia se verá condicionada por los recuerdos de las desaparecidas fotos de sus hermanos. Importantísima la figura del joven ayudante de escritor que Ted Cole contrata, Eddie O’Hare, que se convertirá durante un verano en el amante de Marion, mucho mayor que él, y de quien seguirá enamorado el resto de su vida.
Irving parte de esta base y salta treinta años en el tiempo y nos presenta a una Ruth adulta, escritora de éxito, a punto de casarse, pero que sigue buscando respuestas, que quiere saber dónde está su madre y por qué se fue. El fantasma de Marion planeará sobre su cabeza durante toda la novela: en cada acontecimiento importante de su vida, Ruth esperará ver aparecer a su madre. Las historias de Irving nunca son sencillas, dicen. Muchos personajes, muchas historias que se cruzan y se entrecruzan entre ellas y con la trama principal y, en este caso, capítulos de las novelas de Ruth formarán parte de la historia, dando muestra de la desbordante imaginación y creatividad del autor.
El libro se estructura en tres partes; la primera fue llevada al cine con Kim Bassinger y Jeff Bridges, y se tituló La puerta en el suelo pero a mi modo de ver, no le hace justicia. Si vieron la película, igual les interesa saber cómo acaba la historia de aquella pequeña niña rubia y si no, les recomiendo que directamente pasen al libro y, probablemente, saldrán ganando.
Bajito no se escucha na-da: Keane – Nothing in my way…