No soy amiga de novelas históricas, ni futuristas, me gusta poder creerme lo que leo, pero he de reconocer que esta transcripción de las memorias del hidalgo Don Isidoro de Montemayor, llevada a cabo con una precisión envidiable por Alfonso Mateo-Sagasta, me ha parecido maravillosa. El autor de El olor de las especias se sumerge en el Madrid de Cervantes, de Quevedo, de Lope de Vega, de Góngora, con una trama de misterio e intriga digna de admiración.
Madrid, casi diez años después de la publicación de El Quijote. Francisco Robles, el editor de la obra maestra de la literatura española, encarga a uno de sus empleados, nuestro Isidoro, que averigüe quién es un tal Avellaneda, que ha publicado, de forma totalmente ilegal e irrespetuosa, la segunda parte de las aventuras del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha. Recordarán -o no- de sus clases de literatura del instituto, que Avellaneda era un pseudónimo y que siempre se barajó la posibilidad de que Lope de Vega, prolífico autor del siglo de oro de nuestra literatura, estuviese detrás de El Quijote Apócrifo que, en el prólogo, pone al propio Cervantes de vuelta y media.
Con una bolsa de monedas de oro y sin una mísera copia del libro, Isidoro se embarca en una investigación que le llevará a todas las tabernas de escritores de Madrid, a timbas ilegales de juego e incluso a un interminable y sufrido viaje a Toledo en mula. Las idas y venidas entre los escritores se entrecruzan con los pormenores de la vida diaria, y es ahí donde se aprecia el importantísimo trabajo de investigación realizado por Mateo-Sagasta, que por algo es experto en Historia Antigua y Medieval. Un amplísimo elenco de personajes dinamiza el hilo general con múltiples historietas, breves, siempre curiosas (imprescindible el pasaje en el que Torreblanca se juega a las cartas las partes nobles de su enano, y las pierde, para más inri) o sorprendentes (el protagonista alquilará en el barrio de la Latina silla, lacayo y ropajes para hacerse pasar por noble y relacionarse con una dama de alta cuna).
Novela muy recomendable, absorbente, que conseguirá que las interminables horas en el transporte público se hagan cortas. Una historia que, como todo lo que bien empieza, bien acaba, y que ya tiene una segunda parte en el mercado, El gabinete de las maravillas.
Bajito no se escucha na-da: Nada Surf – Concrete Bed…



Han tumbado a uno de mis superhéroes. Suyo fue el primer empujón, suya buena parte de la culpa de que yo vuele. Fuera del papel ganan más a menudo los villanos, hacen aún más ruido al reir, hijos de puta. Rabia, no tristeza, nunca pena, tampoco miedo. Los superhéroes siempre se levantan, por eso son superhéroes, lo hacen por nosotros, por eso son superhéroes. Mi superhéroe se levantará, no perderá la sonrisa en el suelo, yo le veré levantarse, juntos veremos callar al villano…
Olvídense de sus miedos, 




